Una reflexión sobre la disponibilidad, el juego y las ventanas al ensimismamiento
En el trabajo con niños diagnosticados con autismo, me encuentro disfrutando, o siempre que lo relato se me dibuja una sonrisa. Es fundamental ver al sujeto detrás de la caratula de autismo.
Considero, también, que una de las principales cosas que hay que diferenciar, es cuando estamos en presencia de una persona que padece del espectro autista, dado que se ha ido haciendo un abuso de diagnósticos poco fiables a personas que pueden compartir ciertos rasgos pero no entrarían en esta clasificación. Algo que también devalúa y desvirtúa el concepto que se tiene sobre el autismo.
Es un lugar en donde me siento cómodo, donde se aprende a colocar a disposición mucha energía y hasta la misma ansiedad, que a veces interfiere en un análisis clásico.
Estos niños necesitan un otro disponible, que ponga el cuerpo y los envuelva en un manto de símbolos, gestos, palabras, miradas, ensoñación y juego.
Recuerdo que en mis primeras experiencias con un niño habíamos creado un juego. No era un juego muy elaborado, pero era lo suficiente para representar su mundo interno dentro del externo; además, estaba cargado de emoción, movimiento y vida.
El juego era tomarnos de la mano e ir corriendo hacia un sillón grande que había en el fondo de la institución. Ahí nos tirábamos, como algo que se rompía y se rearmaba. Entre medio de esa ruptura sonreíamos y girábamos. Era un desorden controlado, con una presencia genuina que permitía representar un reordenamiento psíquico.
Este juego nació espontáneamente, fue donado y él lo adoptó. Al punto de que, en los llamados “recreos”, venía a buscarme para jugar.
Si el autismo se caracteriza por esa falta de apertura a un mundo externo, creo que con este pequeño encuentro estábamos ganando territorio en la vinculación. Abriendo una ventana dentro de ese ensimismamiento. De toda esta experiencia me cabe mucho agradecimiento a mis maestros en este tipo de encuadres como por ejemplo el psicologo Esteban Levin (https://www.instagram.com/esteban.levin/?hl=es), que con su insaciable apertura y disposicion muestra formas en las cuales uno puede entrar en vinculacion con ese niño.
A veces, la clínica más profunda ocurre lejos de los escritorios y los manuales rígidos. Ocurre en el cuerpo, en el suelo y en la ensoñación compartida.
¿Cómo habitamos el espacio con nuestros pacientes?
