Es muy interesante la idea de pensarnos como habitados por fuerzas que exceden, a veces, nuestras intenciones voluntarias. Freud ya lo planteaba indicando que somos los jinetes de un caballo, es decir, que somos tanto caballo como jinete, ambos.
Pienso que cuanto más distancia haya en el entendimiento entre ambas partes, mayores dificultades pueden aparecer en nuestra vida.
Cuantos casos en donde uno intenta ir en una dirección que se encuentra condenada al fracaso, cuantos duelos no elaborados que permanecen agazapados influenciandonos, cuantos miedos mal llamados irracionales cuando en realidad siguen otra lógica.
Sabina lo comentaba a su manera y decia que le costó olvidar a María «19 días y 500 noches». Una parte de nosotros va a otro tiempo que es importante hacerle lugar.
Una madre me decía, «si lo tiene muy fácil, solo tiene que ponerse y empezar», ella le ofrecía las mejores condiciones, todas las comodidades pero su hija no podía realizar ese movimiento a una vida laboral, de estudios, etc.
Ante estás circunstancias la terapia busca posibilitar un tiempo en donde la exigencia cese, donde uno pueda conectar con estas otras fuerzas, con las defensas frente a ellas montadas. Desde un lugar desprejuiciado y con mucho termómetro emocional para, de a poco, poder ir acercándonos y moverse integrada-mente.
