A menudo, cuando comparto mi trabajo, me topo con una caricatura del psicólogo: ese profesional ineficaz que cobra por decir obviedades o por ofrecer consejos de manual que nadie pidió. Una figura desdibujada en el rincón más invisible del campo de la salud, como si acompañar el sufrimiento mental fuera un accesorio prescindible.

Sin embargo, hace poco salí de una sesión de esas que te calan «hasta el hueso».

Hay terrenos del alma que son dolorosos, pero profundamente vitales. Lugares que, ante la indiferencia del mundo, prefieren el silencio o incluso la muerte antes que seguir soportando un dolor sordo y sin nombre. Entrar ahí requiere una disponibilidad absoluta, tanto del paciente como del analista. Es un terreno que la mayoría prefiere ignorar, pero que es precisamente donde reside nuestra labor más compleja.

Me vino a la mente esa frase del Indio Solari: «Quieren al picho, pero no a sus pulgas».

Hoy se nos vende la idea de un sujeto ideal, una unidad impermeable y productiva que desconoce sus propias sombras. Queremos el bienestar, pero no el trabajo de indagar en lo que nos habita. Queremos la calma, pero nos aterra la pregunta.

Lo cierto es que somos mucho más increíbles —y complejos— de lo que pensamos. Estamos hechos de capas de pensamientos, ideas y miedos que se han ido tramando con el tiempo, dictando nuestras elecciones y nuestras emociones sin que nos demos cuenta. Hacer terapia no es recibir consejos; es tener la valentía de responsabilizarnos por nuestras hectáreas inconscientes. Es fascinante descubrir que no somos una línea recta, sino un mapa lleno de relieves. La labor del psicólogo no es dar respuestas fáciles, sino sostener la linterna mientras el paciente se atreve a mirar lo que hay debajo de la piel. Porque solo reconociendo nuestras «sombras» podemos empezar a habitar nuestra propia historia.

Por eso el recorrido en una terapia siempre resulta engorroso, no es una línea recta, requiere de tiempo y paciencia, como así también de cierta disponibilidad. En ese sentido, ir al psicólogo resulta beneficioso si podemos sostener este periplo que nos ira redescubriendo.