A veces la forma en la que se expresa la angustia es como un vacío desesperante.
Nada viene a albergarlo, a llenarlo, nada es digno de poder colocarse ahí. Todo resulta devastado, la palabra no alcanza y en su intento por ser colmado, de forma voraz, rompe y engulle todo lo que tiene a su paso.
Un paciente comentaba, con mucha capacidad simbólica, «si tuviese que darle una forma, sería como una hoja en blanco en donde la habría rellenado apretando una y otra vez el espacio (la tecla de espacio). Otro lo vería y diría aquí no hay nada , está vacío, pero en realidad estaría lleno, repleto».
Al dar lugar y respetar el tiempo de la angustia podemos empezar a construir algo alrededor de ese «agujero» que ayude a sostenerlo y sobrellevarlo. Asentando otras cosas. Colocando alguna palabra, gesto o símbolo que pueda decir algo de lo que le pasa
